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Las verdades desconocidas de
  Orlando Castro-Llanes


   

   

   
Remembranzas de Orlando Castro


La detención de Castro en Miami pone fin a sus andanzas.

Se dice que lo que se da se recibe de nuevo. Orlando Castro Llanes, el "enfant terrible" de los seguros y la banca en Venezuela por más de una década durante los años 80 y principios del 90, está recluido en una cárcel de Miami en el momento de escribir este artículo, acusado de robo de gran cuantía por el fiscal del Distrito de Manhattan, Robert Morgenthau.

Castro Llanes, de 70 años, fue arrestado el 3 de abril en su casa de Key Biscayne, uno de los barrios residenciales más lujosos de Miami. También fueron arrestados con él su hijo Orlando Castro Castro, de 46 años, y su nieto Jorge Castro Barredo, de 18 años. Los tres fueron acusados de participar en un plan para defraudar a los ahorradores en más de US$55 millones en el Banco Progreso Internacional de Puerto Rico, uno de los muchos bancos y compañías de seguros de propiedad de Castro Llanes.

Los cargos son delitos de primer grado, punibles con sentencias hasta de 15 años en una prisión del estado de Nueva York, y es posible que haya cargos aún más graves. La oficina del fiscal del Distrito de Manhattan está investigando las cuentas del Banco Progreso por sospecha de lavado de dinero. Entre 1991 y 1994 los bancos y las compañías de seguros de Castro supuestamente movieron más de US$3.000 millones por medio de la sucursal de Nueva York del Banco Atlántico de España. En Venezuela, Castro Llanes enfrenta cargos de fraude financiero y conspiración. El procurador general de Venezuela, Jesús Petit da Costa, dice que Castro Llanes robó más de US$1.000 millones de sus clientes venezolanos. Otros creen que la cifra total robada por Castro antes de huir de Venezuela a finales de 1994 se aproxima a los US$2.000 millones.

Castro Llanes afirma por medio de su abogado en Miami, Richard Sharpstein, que los cargos del fiscal del Distrito de Manhattan en su contra son el resultado de una campaña de difamación y de conspiración política originada en Venezuela, específicamente en la persona de Thor Halvorseen, antiguo comisionado especial antinarcóticos del presidente Carlos Andrés Pérez, y que recibe un fuerte apoyo de la oficina de Morgenthau, pero que le disgusta fuertemente a algunos funcionarios de la DEA en Miami y Caracas.

Sin embargo, la afirmación de Castro de que él es víctima de una conspiración podría derrumbarse rápidamente si Morgenthau tiene un caso sólido en su contra. La condena en juicio con un jurado podría enviar a los tres Castros a la cárcel por muchos años. Castro Llanes es astuto, audaz y agresivamente malhechor, pero no es particularmente valiente. La perspectiva de ser encarcelado aunque sea por sólo algunos años a la edad de 70 debe ser aterradora, en tanto que la posibilidad de que su hijo y su nieto puedan ser recluidos por diez o quince años, si son condenados, debe ser una carga agobiante para su alma.

Castro tiene tres opciones: lograr la fianza y escaparse de los Estados Unidos, enfrentarse a un juicio en el que podría perder, o colaborar con los fiscales de los Estados Unidos en otras investigaciones de fraude financiero y lavado de dinero. El gobierno venezolano podría pedir su extradición a Caracas, pero Morgenthau ha estado investigando a Castro Llanes por más de cinco años y no permitirá que se escape de Nueva York.

El escenario más probable es que Castro Llanes coopere con los fiscales en otras investigaciones de fraude financiero y lavado de dinero, especialmente si la investigación de lavado de dinero que realiza Morgenthau produce más acusaciones del gran jurado en contra de los tres Castro. En un escenario de negociación de pena, la lista de los bancos venezolanos cuyas actividades en los Estados Unidos durante 1990-1994 serían investigadas por las autoridades de los Estados Unidos, incluiría por lo menos al Banco Latino, al Banco Consolidado y al Banco Industrial de Venezuela, de propiedad del Estado venezolano.

Castro conoce íntimamente las redes de corrupción política y financiera con sede en Caracas que operaron impunemente a nivel presidencial y ministerial durante los gobiernos de Lusinchi y Pérez de 1983 a 1994, con puestos de avanzada en sitios tan diversos como Miami, Santo Domingo, San Juan, Panamá, Curaçao, Colombia, Madrid, la pequeña isla caribeña de Mustique y, por supuesto, Nueva York.

Durante más de una década, Castro se codeó con algunos de los individuos más poderosos y corruptos de Venezuela, como el ex presidente Jaime Lusinchi y Blanca Ibáñez, Pedro Tinoco, José Alvarez Stelling, Gustavo Gómez López, Cecilia Matos y Esperanza Martino, la abogada penalista y antigua presidente del Fondo de Garantías de Depósitos (Fogade) quien cariñosamente llama a Castro Llanes su "papi". Estas asociaciones políticas hicieron inmensamente rico a Castro Llanes en muy pocos años, al proporcionarle acceso a fuentes de fondos públicos para asegurar su grupo privado de banca y seguros. El dinero de Castro, y el poder político que adquirió, también le dieron poder para que la policía, los tribunales, los medios y hasta el Congreso de Venezuela actuaran en su favor. No obstante, Castro Llanes nunca fue totalmente aceptado en los círculos exclusivos de las élites políticas y económicas de Venezuela.

Por ejemplo, cuando Castro Llanes trató a mediados de los años 80 de ingresar al Country Club de Caracas, el club privado más antiguo y prestigioso de Venezuela, fue rechazado unánimemente por la junta directiva del club. Esto molestó tanto a Castro que durante años repetía constantemente la historia a todas las personas que acababa de conocer.

Castro disfrutó de un mayor acceso a la cumbre de la corrupción presidencial durante el régimen de Lusinchi. Sin embargo, no le fue tan bien con el sucesor de Lusinchi. El ex presidente Carlos Andrés Pérez toleró la proximidad de Castro a su compañera de muchos años Cecilia Matos, pero personalmente despreciaba a Castro y siempre se negó a tener algo que ver con el banquero.

"No lo soporto", le confió Pérez a su vez a un alto ejecutivo de un grupo venezolano de medios de comunicación. "Castro es demasiado indiscreto. ¿Puede imaginarse el escándalo público si yo apareciese en la misma fotografía con Castro?"

Lo más cerca de Pérez que Castro Llanes logró estar alguna vez en persona fue en una fiesta privada de año nuevo en Nueva York hace seis años, cuando Cecilia Matos invitó a Castro a sentarse junto a ella en la mesa presidencial. Según una fuente que se sentó en la misma mesa, el presidente "se mostró visiblemente disgustado con Cecilia, y deliberadamente les dio la espalda a ella y a Castro Llanes. Fue bastante notorio. Pérez se negó a hablar con cualquiera de los dos durante el resto de la noche y se comportó como si Cecilia y Castro ni siquiera estuvieran presentes físicamente. Cecilia se mostró obviamente disgustada y se dio cuenta de que había cometido un grave error. La situación fue muy tensa y embarazosa para todos los demás en la mesa".

Pérez, quien fue obligado a renunciar a la presidencia en marzo de 1993 bajo cargos de corrupción, demostró mejor criterio que el presidente de los Estados Unidos en su trato con Castro. Durante la posesión de Bill Clinton en 1993, Castro Llanes se las arregló para obtener una reunión personal en la Casa Blanca con Clinton, gracias a la intervención de un miembro demócrata de la delegación del Congreso de la Florida a la Casa de Representantes.

Cuando regresó a Caracas, Castro publicó un comunicado de prensa anunciando su reunión con el presidente recién posesionado, en el cual resaltaba que Castro era el UNICO venezolano invitado a participar en las ceremonias de posesión del nuevo presidente. El comunicado de prensa fue la manera de Castro de resaltar ante el público venezolano que su prominencia internacional sobrepasaba inclusive a la del gobierno venezolano. Sin embargo, los medios noticiosos venezolanos prácticamente hicieron caso omiso de la historia de la reunión de Castro con Clinton. La estrella política de Castro ya se estaba desvaneciendo en Venezuela y sus días de vaquero exitoso de las finanzas venezolanas tocaban a su fin.

En 1990 Castro lanzó una oferta hostil para adquirir el control del Banco de Venezuela, el único banco en el país con una base amplia de accionistas (cerca de 8.000 en total), lo cual evitaba que ejerciera el control un accionista individual o el grupo económico de alguna familia. El Banco de Venezuela, uno de los bancos más antiguos del país (sólo el Banco de Maracaibo era más antiguo), era la institución financiera más grande en cuanto a depósitos, activos y préstamos y estaba manejado con un alto grado de honestidad (aunque no eficiencia) por banqueros profesionales y administradores. La junta directiva del banco no quería tener nada que ver con Castro. El presidente del banco, Carlos Bernárdez, dijo que la junta directiva del Banco de Venezuela creía que Castro "no era el tipo de persona que se pudiera considerar como el miembro de junta ideal para una institución como el Banco de Venezuela".

Bernárdez admitió esto poco tiempo después que algunos miembros de la junta, quienes se opusieron a que Castro se apoderara del banco, decidieron dar a conocer varias cajas de documentos relacionadas con las actividades comerciales de Castro.

Thor Harlvorssen nunca había sido miembro del "círculo íntimo" de Pérez y de las palancas del poder en Venezuela, pero en ambos gobiernos de Pérez realizó importantes actividades que lo colocaron en contacto directo con el oscuro mundo de la recolección de inteligencia pública y privada, la seguridad y las actividades antinarcóticos.

Durante la primera administración Pérez en 1974-1978, Harlvorssen fue presidente del monopolio de los teléfonos estatales CANTV (que fue privatizada por Pérez en su segunda administración en 1989-1993). En esta posición, se familiarizó íntimamente con las capacidades de intervención telefónicas nacionales del Ministerio del Interior de Venezuela, las cuales se realizaban a través de una división especial en CANTV con personal venezolano y (muy frecuentemente) expertos cubanos entrenados por la CIA en el arte de intervención electrónica por medio de teléfonos.

En 1989 Pérez llegó a la Presidencia de Venezuela por segunda vez y Harlvorssen volvió a salir a la vida pública con el intrigante título de "comisionado presidencial especial para asuntos internacionales antinarcóticos". El nombramiento fue insólito, ya que el jefe inmediato de Harlvorseen era Pérez y trabajaba independientemente de otras agencias venezolanas de la lucha antidrogas, entre ellas la Guardia Nacional, el Cuerpo Técnico de la Policía Judicial (PTJ) y la Policía de Seguridad del Estado del Ministerio del Interior (Disip). Además de establecer una estrecha relación con el fiscal del Distrito Morgenthau en Nueva York, Harlvorssen también estableció una relación laboral con el equipo de la DEA en la embajada de Estados Unidos en Caracas. Además de su trabajo como comisionado presidencial antidrogas, Harlvorssen se dedicaba al negocio de investigaciones privadas y fue en este carácter como Bernárdez lo contrató para investigar las fuentes de financiación de Castro para comprar las acciones del Banco de Venezuela.

Castro más tarde afirmó que los documentos, producto de la investigación de Harlvorssen, que indicaban extensas irregularidades de su grupo financiero eran todos falsos, pero la verdad es que ningún tribunal venezolano ni agencia del gobierno jamás investigó a fondo las actividades comerciales de Castro. No obstante, si se asume que las pruebas recogidas principalmente por Harlvorssen son legítimas, éstas demostraron entre otras cosas que:

• La compra y el aumento de capital del Banco Zulia, un pequeño banco regional con el nuevo nombre de Banco Progreso, fueron financiados en parte por el ardid de un cheque sin fondos, relacionado con un cheque por 100 millones de bolívares (en ese entonces US$25 millones) de Latinoamericana de Seguros, que nunca fue cobrado. Esa transacción también marcó el comienzo oficial de la relación de Castro con Juan Carlos Escotet, el "niño prodigio" financiero que convirtió al matrimonio del Banco Progreso con el grupo de seguros Latinoamericana en una de las máquinas para hacer dinero de mayor crecimiento en Venezuela durante ese período. Escotet venía de una familia pintoresca. Su padre tenía un récord de arrestos por fraude y asaltos y su hermano había sido acusado de homicidio en dos incidentes distintos. Y ya en los años 90, Scotland Yard estaba investigando sus actividades bancarias en la isla de Mustique bajo sospecha de que estaba lavando dinero de la droga.

• Los "agentes" de Castro registrados para pólizas de seguros de grupo con las agencias del gobierno eran, casi siempre, parientes de los funcionarios de la agencia estatal encargados de escoger a los asegurados en procesos de licitación supuestamente "transparentes". Algunos "agentes" también eran personalidades prominentes de la radio o de los medios escritos.

• La adquisición de las acciones del Banco de Venezuela fue financiada por préstamos secretos hechos por la sucursal de Miami del Banco Industrial de Venezuela, de propiedad del gobierno, y cuando Esperanza Martino era la gerente de la sucursal. Después de abandonar el Banco Industrial de Venezuela, Martino fue nombrada directora del Banco Fondo de Garantías de Depósito, el equivalente en Venezuela al FDIC. En efecto, los dineros públicos estaban siendo utilizados para que una empresa privada se adueñase en forma hostil.

• El grupo financiero de Castro era una caparazón hueca que infló sus balances publicados mediante el traslado rápido de fondos entre las muchas compañías del grupo, en tanto que los depósitos que llegaban se transferían constantemente, en forma de préstamos e "inversiones", a los bolsillos de Castro (y a los bolsillos de numerosos "amigos").

• Las irregulares actividades comerciales de Castro no eran tenidas en cuenta por la Comisión Nacional de Valores ni por el Superintendente Bancario ni el Superintendente de Seguros, porque Castro había "comprado" a muchos de estos funcionarios concediéndoles comisiones de agencias y préstamos a tasas de interés inferiores a las del mercado.

• Castro había hecho algún contacto con el barón de la droga de Medellín Pablo Escobar, para explorar la posibilidad de realizar transacciones financieras a través del grupo financiero de Castro. La evidencia de ello consta de cartas y otros documentos, algunos en letra de Escobar, que parecen confirmar la sospecha de que las empresas de Castro facilitaban el lavado de dinero de la droga.

• El entonces presidente del Banco Central Pedro Tinoco, quien murió de cáncer en el hígado antes que Pérez fuese obligado a renunciar a la Presidencia en marzo de 1993, trabajó tras las bambalinas contra el Banco de Venezuela, para animar a la Comisión Nacional de Valores y a la Superintendencia Bancaria a que se hicieran del lado de Castro en la guerra por adueñarse del Banco de Venezuela.

• Los pagos regulares de Castro a prominentes editores y periodistas venezolanos fluctuaban entre US$10.000 y US$20.000 al mes

Durante 1990 y 1991, Castro Llanes manipuló el alza en los precios de las acciones del banco tan agresivamente, que terminó siendo dueño del 24% de las acciones restantes, lo cual por ley le garantizaba su puesto como presidente de la junta directiva. Y luego Castro vendió todo el paquete de acciones a José Alvarez Stelling del Banco Consolidado, obteniendo enormes ganancias, lo que le proporcionó el capital para comprar el Banco República del Estado, cuando éste fue privatizado.

La transacción entre Castro y Alvarez Stelling fue el negocio de la década en Venezuela, mucho más importante que cualquier otro en el país en ese entonces, incluida la privatización parcial del monopolio de teléfonos de propiedad del Estado. De un golpe, el negocio elevó la imagen de Castro a un estatus casi mítico entre la pequeña camarilla de periodistas venezolanos que infaliblemente escribían columnas de alabanza a su benefactor financiero. Y el pueblo venezolano, que en 37 años de democracia inoperante ha demostrado un instinto infalible para dejarse embaucar más o menos en forma permanente, alabó el espectáculo del más débil "de afuera" derrotando a los "de adentro" en el Banco de Venezuela. La victoria de Castro se hizo más dulce cuando Alvarez Stelling se refirió públicamente a Castro como "mi buen amigo".

¿Por qué Castro vendió sus acciones del Banco de Venezuela precisamente cuando estaba listo para convertirse en el miembro dominante de la junta directiva del banco? Su respuesta textual es: "Pedro Tinoco me dijo que nunca me permitirían mantener el control del banco porque yo no había nacido en Venezuela e históricamente el banco es demasiado importante como símbolo de Venezuela para ser propiedad de alguien que no nació en este país. Cuando le pedí consejo a don Pedro acerca de a quién se deberían vender las acciones, respondió que yo tenía dos opciones: o bien un grupo comercial de larga trayectoria que quisiera agregar un banco a sus bienes, como la Organización Diego Cisneros; o bien un banquero venezolano tradicional como Alvarez Stelling. La razón por la cual escogí a Alvarez Stelling es que el grupo Cisneros tenía la reputación en Venezuela de no pagar sus deudas a tiempo y lo que yo más necesitaba entonces era flujo de dinero para comprar el Banco República".

Los años de 1992 y 1993 fueron años desesperados y violentos para Venezuela. En febrero de 1992 el primero de los dos fallidos golpes militares sacudió al país. Las fuerzas militares derrotaron a los rebeldes del Ejército en una serie de batallas breves pero sangrientas que ocurrieron alrededor del palacio presidencial en el centro de Caracas, alrededor de la residencia del presidente y en el aeropuerto La Carlota de la Fuerza Aérea. El segundo golpe fallido ocurrió en noviembre de ese año, cuando elementos de la Fuerza Aérea y la Marina se rebelaron contra Pérez. Al mismo tiempo comenzaron fuertes ataques personales contra periodistas independientes, incluidas amenazas de muerte.

Alvarez Stelling era ahora propietario del Banco de Venezuela y Castro iba en busca de Harlvorssen. Caracas fue sacudida en 1993 por una serie de pequeñas bombas que explotaron en la ciudad durante un período de varias semanas. En esa misma época, varias cartas-bombas fueron enviadas a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Finalmente, la policía arrestó a varios individuos, entre ellos un pariente del ex presidente del Banco Central y del presidente del Banco Latino, Pedro Tinoco, quien había muerto unos meses antes. Increíblemente, Harlvorseen también fue detenido y acusado de ser el autor intelectual de la campaña de bombas.

Cuando estaba en la cárcel, Harlvorssen recibió la visita de Orlando Castro Llanes y de su hijo, Orlando Castro Castro, y los dos le dieron a Harlvorssen una salvaje paliza mientras que los oficiales de la policía allí presentes observaban sin interferir. Harlvorseen atribuye el hecho de estar hoy vivo al apoyo recibido del fiscal del Distrito de Manhattan Morgenthau y el senador de Estados Unidos Strom Thurmond. Harlvorssen vive actualmente en Fort Lauderdale. El 13 de enero de 1994 se derrumbó el Banco Latino arrastrando consigo a casi todo el sistema bancario venezolano. En total, Castro, Alvarez Stelling, el presidente del Banco Latino Gómez López y otros 200 banqueros o más que huyeron de Venezuela para evitar ser arrestados, colectivamente robaron cerca de US$8.000 millones a sus ahorradores antes que el gobierno finalmente interviniese los bancos para taponar la hemorragia. Con excepción de Castro, todos permanecen en libertad, disfrutando de vidas opulentas en Madrid y Miami. Si el pasado es un indicio, en su mayoría estos banqueros fugitivos nunca serán arrestados.

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-- Revisado: May 8/96

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